EL PARAGUAS DE LA CULTURA

Es habitual encontrarnos con el término “cultura” utilizado como eslogan en diferentes medios, ya sean informativos, políticos, publicitarios o educativos. Se nos presenta la cultura o lo cultural como bandera, únicamente, de lo bueno o recomendable. Tal como nos decía Gustavo Bueno, la cultura se ha convertido en un mito, lo cual, al mismo tiempo, puede ser un timo perfecto.

La idea tradicional de cultura subyace en el “Mito de Prometeo” de Platón, pero aparece por primera vez definida como término en una metáfora que utiliza el escritor romano Cicerón (s. I a.C.) en relación a la agricultura. En esta idea tradicional, la cultura es un tipo de conducta individual, aprendida; lo cultural es evolución, es todo lo aprendido ya sea bueno o malo.

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A partir de finales del siglo XVIII, surge en Alemania el “Volkgeist”: espíritu del pueblo. Tras dicho surgimiento, emerge una idea nueva de cultura asociada a la colectividad. Los pueblos se diferencian unos de otros mediante su identidad cultural, es decir, unas señas de identidad unidas por un mismo espíritu. En este momento, la cultura pasa a ser el valor por excelencia, puesto que hace a un hombre ser hombre y distinguirse del resto, ya sean otros hombres, otra raza u otra especie (animales).

Llegados a este punto, es conveniente resaltar el nacimiento del relativismo cultural: todo depende de la cultura y todas las culturas son iguales en valor y en derechos (principio de la isovalencia); nace el hombre como animal cultural. Todo dependerá de la cultura de cada pueblo. Todo lo que sea cultura tendrá derecho a existir, porque toda la cultura es buena y respetable.

Mediante los intereses de las ideologías, hemos perdido el valor objetivo de la cultura, es decir, aquellos valores que constituyen las técnicas, los saberes y sus productos. En este sentido, la cultura objetiva lo es, independientemente que sea buena, mala o perversa. El hombre es fruto de la cultura objetiva en cuanto a su sentido más trascendental. Sin ella, no hubiera sucedido la inversión antropológica y el paso de animal a hombre. Los lenguajes y las instituciones son claros ejemplos de dicha cultura.

Las últimas tendencias socioculturales tienden a igualar la sabiduría al bien o la bondad, lo cual no puede estar más alejado de la realidad. Cultura no es sólo aquello intelectualmente provechoso o satisfactorio para un orden determinado. La cultura de los objetos, la cultura del capitalismo, la cultura bélica, tienen el mismo valor cultural y constitutivo que un patrimonio artístico. En el caso de las guerras, podemos definirlas como hechos culturales y sin embargo no son buenas.

El uso limitado y generalizado del término que venimos analizando se corresponde con poderes políticos y económicos de enorme influencia, que de manera interesada, encauzan diferentes realidades al servicio de su propio rédito, vaciando así parte de su esencia y su significado. La elección coartada de cargas positivas asociadas a conceptos de alcance ilimitado, obviando el resto de acepciones, genera banalidades en cuanto al desarrollo de una comunidad, que poco a poco va coartando su amplitud de miras y acotando el terreno donde asentar las bases para la reflexión y el pensamiento, tan pasados de moda a día de hoy.

En ocasiones, la búsqueda ciega de la comodidad y, en definitiva, de la felicidad prolongada, son las responsables, digamos,  del empobrecimiento sociocultural. Solamente una selección interesada de lo bueno y confortable de las cosas, como el uso aprovechado del término cultura con carga o acepciones nada más que positivas, sin darnos cuenta, puede traer serias bajezas. Pues, como ya dijo el poeta y el hombre aniquilado por la historia, Georg Trakl, en extrema lucidez: “Sólo aquel que desprecia la felicidad obtendrá la consciencia”.

 

Publicado en el nº7 de la Revista Maremágnum.

 

 

FACEBOOK, el confesionario moderno.

La iglesia católica, en cuanto a institución y como principal fuente consagrada y aglutinadora del poder sobre la vida de la sociedad occidental, durante un largo y prolongado período de tiempo de nuestra historia cumplía las funciones básicas asociadas a cualquier sistema de gobierno. El poder pastoral se corresponde con el centro de los análisis filosóficos de Michel Foucault y que él mismo sintetizó como: “el poder es el pastor del hombre”. La función del pastor es conducir al rebaño, a la manada. Lo que la Iglesia demanda de todos los sujetos, pecadores de nacimiento, es que confiesen sus pecados. La confesión ante el cura tiene un efecto balsámico que libera y limpia al hombre, pero a la vez instaura una relación de poder; el cura conoce los pecados del pecador, pero no a la inversa. Este poder, controla a los individuos utilizando la fe; es decir, se asienta sobre la creencia y el temor a Dios y al castigo divino.

De acuerdo a esto, la Iglesia es el organismo que controla a los sujetos. En la época moderna, este poder pastoral se desplaza al estado, independientemente del modelo político y socioeconómico del mismo; al margen de toda ideología de poder. ¿De qué manera puede ocurrir dicho traspaso de poder, si en el estado moderno desaparece el cura como figura clave de dominio sobre la población? Este traspaso del que hablamos, ha ido produciéndose de diferentes formas: bien sea mediante cuerpos represivos del estado, la escuela o diversos métodos de sometimiento y castigo por la violación de la ley. El poder, siempre ha ido asociado a la resistencia al poder. Lo dominable era lo visible del sujeto, el hombre en cuanto a entidad corpórea. Podía dominarse lo que se conocía mediante la observación y la confesión; lo visible, de alguna manera. Los métodos de tortura, desde la explotación física más rudimentaria,  pasando por la cercana terapia de choque y electroshocks, hasta los departamentos de espionaje, perseguían obtener información del individuo para controlarlo de la manera más efectiva.

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Llegados a este punto, vamos a centrarnos en el aquí y en el ahora que nos circundan. Internet supone, en la mayor parte del planeta, el medio más importante para comprender las relaciones de todo tipo en la actualidad. Las redes sociales ocupan un papel fundamental para la comunidad, unido también al del objeto indispensable de devoción: el Smartphone -devoción es igual a sumisión. Analizar el comportamiento de las personas y el uso que hacen de la red es clave si pretendemos entender cómo se articula el modelo de estado en el que vivimos y de qué manera se ha actualizado el poder pastoral antes mencionado. Cabe destacar, en este punto, la existencia del Big Data: la mayor base de datos existente, donde se almacenan, se procesan y se analizan los mismos para usos comerciales, estadísticos, etc.

El individuo de hoy no se siente vigilado, sino incentivado a opinar, a exhibir sus gustos, a desnudarse…en definitiva, a autoexplotar su físico y su psique –parte consciente e inconsciente de nuestra conducta. La gente busca reconocimiento mediante su exposición sin límites en todo momento, y nada funciona mejor que el sistema de clic en el Me gusta como el refuerzo perfecto. Facebook, a la cabeza de las redes sociales, supone la nueva forma moderna de control disciplinario, de chantaje sobre la modernidad; ya no es necesaria la coacción. Ha sustituido al antiguo confesionario, pasando a ser –perfecta metáfora social- el panóptico del momento. De esta manera analiza el filósofo y teólogo surcoreano Byung-Chul Han nuestro contexto más inmediato, actualizando las principales corrientes filosóficas a partir de los años cincuenta.

Las nuevas generaciones y las venideras, en apariencia más libres, más dotadas para la diversidad en la atención y para el pensamiento analítico, pueden convertirse en los mayores siervos de la historia. La inmediatez, la comodidad, la pereza institucionalizada y la falta de visión crítica, en favor inconsciente de los grandes poderes, están lográndolo con extrema facilidad. El exceso de comunicación abraza el exceso de control, lo que se traduce en explotación de la libertad. La sociedad en su conjunto es más predecible y el consumo no se reprime, sino que se multiplica, potenciando el control psicopolítico del futuro. Así asistimos -meros espectadores-, a la contemplación desoladora del Ángelus Novus –pronosticado por Walter Benjamin-, convertido en nuestro triste paisaje histórico.

Poema XVIII

Todo el deber que oprime el pecho

es la música silenciada

mientras afuera quedó

cansancio solamente;

 

sonido hueco de las horas

que no discurre emancipado

a la piel y sus residuos

de otra noche que fue,

 

para la clandestinidad,

un transitar por aledaños

a tener en la presencia,

cuando mirar se pueda

el tramo recorrido.

 

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El arte del mercado

En  nuestros días, existe un vacío generalizado en la cadena que conecta el arte del último romanticismo, con las manifestaciones actuales de arte contemporáneo que afecta a lo que podríamos considerar como “el gran público”. Habrán notado, no en pocas ocasiones, el rechazo producido ante cuadros aparentemente incomprensibles; la negación de la palabra “música” a ciertas obras compuestas en el auge de las vanguardias históricas o simplemente, el total desinterés ante cualquier muestra de arte posterior a los movimientos postromántico o impresionista.

El final de siglo XIX, se caracteriza por ser una época de inestabilidad, que culmina con la ineludible publicación de La teoría de la relatividad (1905) de Albert Einstein, que pondrá en entredicho la objetividad científica asentada con anterioridad. Paralelamente, Sigmund Freud altera los pilares de la psicología con su descubrimiento del inconsciente como realidad del ser humano.

Dicho marco contextual, que culmina con el estallido de la Primera Guerra Mundial (1914-1918) propagaría por Centroeuropa un sentimiento de angustia existencial, el cual no había resultado ajeno para el desarrollo del arte que alumbró el expresionismo (1905). Este movimiento, focalizado en Alemania, pondrá en primer plano la subjetividad del autor y la importancia de sus sentimientos; pues en función de ello, se deformará la realidad. Abarca los diferentes campos artísticos; en pintura, tendrá como principal referente al noruego Edvard Munch (1863-1944) y será la disciplina con mayor número de representaciones.

Aun así, no debemos olvidar la importancia literaria de autores como Georg Trakl (1887-1914), poeta clave entre los dos siglos europeos que nos ocupan y en los que aflora la irracionalidad como nueva necesidad expresiva. Hombre de exacerbada sensibilidad, ante las circunstancias vividas en la Europa de  la Primera Guerra Mundial -donde se verá obligado a servir como médico en el frente sin disponer de medios suficientes para atender a la inmensa cantidad de heridos-, acaba suicidándose, dejando tras de sí versos tan demoledores como los siguientes: “Miró caer la nieve sobre el desnudo ramaje/ y la sombra del asesino en la penumbra del zaguán. /Entonces rodó la cabeza plateada del no nacido aún”. Rilke escribía: “la poesía de Trakl es para mí el más conmovedor de los lamentos ante un mundo imperfecto.”

También imprescindible resulta la alusión al compositor vienés Arnold Schönberg (1874-1951), quien marcará el camino para las posteriores vanguardias de la última posguerra. Él mismo nos dirá: “En su nivel más alto, el arte se ocupa, únicamente, de reproducir la naturaleza interior”. La mirada expresionista cambia el modo en que el artista se acerca a la realidad. En palabras del importante pintor y teórico del momento, V. Kandinsky: lo fundamental, ahora, es “la necesidad interior  […] de tal manera que no existe en la música el sonido feo, ni en la pintura la disonancia externa y en ambas todo sonido o combinación de sonidos es bella (apta) cuando emerge de la necesidad interior.”

Otros movimientos, como el cubismo, futurismo, creacionismo o dadaísmo han venido dando respuesta, con más o menos profundidad, a los diferentes momentos de la historia, para llegar por último al surrealismo y lo incomprensible del subconsciente. Definitivamente, estaríamos ante una actualidad diferente de no haber existido la cantidad diversa de vanguardias que, por un motivo u otro, aparecieron para agotar el lenguaje del romanticismo y conducir el mundo del arte por nuevas vías de expresión.

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“Desnudo bajando una escalera nº2”, 1912. Marcel Duchamp.

T. W. Adorno (1902-1969), filósofo y musicólogo alemán perteneciente a la escuela crítica de Frankfurt, exiliado a EE.UU. tras la segunda guerra mundial, nos ha legado una obra altamente lúcida donde defiende con ímpetu el expresionismo y lo que él llama el objetivo espiritual del arte. También hace referencia a la infinitud de miradas posibles sobre una manifestación artística y se refiere a la experiencia estética como un proceso dentro de una realidad histórico-social. A su crítica de la razón ilustrada y la crítica de la razón capitalista, se suma el pesimismo de Horkheimer que sentencia: “la cultura es una mercancía paradójica que termina por fundirse con la publicidad”.

En torno al año 1945, el mundo occidental se encuentra convulsionado por los sucesos de la guerra y el arte se volverá permeable a esa circunstancia. El milagro alemán, hacia los 50, pone grandes esperanzas en el futuro e intenta tomar la mayor distancia con lo sucedido. La respuesta más inmediata viene dada con unas corrientes de extrema racionalidad y sistematización, centradas en la escuela de la Bauhaus (arquitectura) y Darmstadt (música). Surge la necesidad de hacer algo distinto y se radicalizan los movimientos. La escucha de cualquier composición musical del momento resulta caótica, pero el punto de vista auditivo era la clave central del momento. La sobre organización imperceptible al cerebro humano provoca esa sensación de caos intencionada.

Incises pour piano - 1994 (Pierre Boulez)

Mayo del 68 puede ser una fecha representativa del comienzo de la posmodernidad. La idea de desencanto en un mundo aparentemente estabilizado es definida por el filósofo francés Lyotard(1924-1998), quien habla del nuevo relativismo que da paso al “anything goes” (todo vale): principio clave de la posmodernidad, junto a un acuciante eclecticismo.

Como hemos visto, cada giro estético promovido por diferentes movimientos artísticos, se justifica en función de algún contexto. El rechazo hacia ciertas obras del siglo XX, viene dado por los prejuicios inherentes a la naturaleza humana que rehúye lo desconocido. En último término, esto supone la victoria del mercado, que ha conseguido instaurar su hegemonía en la sociedad actual de consumo, donde reina la comodidad, la costumbre, el vicio de no pensar y lo peor de todo, que es la mercantilización del arte midiéndolo por su rentabilidad. A menudo, confundimos el juicio estético con el juicio humano, alimentando la incapacidad para enfrentar una obra de arte.

Hoy, tristemente, prima el resplandor acomodado en la superficie frente a los hondos misterios de las profundidades, alejándonos parte de nuestra historia.

 

 

Poema XVII

Despierto va surgiendo

el sentido que clama

amor por lo no visto

y se esconde al amparo

de un cuerpo o una mirada

-silencio de las formas,

durante el movimiento

incesante, como agua

resonando de nuevo

el temor en las horas

de antaño, perpetuado

por idéntico cauce.

 

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Poema XVI

El precio del orden se paga

cuando habitando la vorágine,

surge en lo oculto,  destrenzado,

revelando su infidencia,

el andamiaje promovido

 

mientras las horas del placer;

lecho de la esencia alejado,

con la sola mirada nueva

en materia y premonición;

flotante cabellera como

 

ajeno discurrir perenne

de todo espacio transido,

donde postergada quedó,

por el tren de la indiferencia,

la imprecisa visión de lo lejano.

 

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