DESTRUCCIÓN ATRIBUTIVA

Desposesión desposesión de los sujetos

desposesión deposición los nombres

de sujetos ya desposeídos los nombres

solo afirman (su) descomposición.

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MAYO 1968-2018: MEDIO SIGLO DE GRÁCIL DOCILIDAD

En mayo de este año, 2018, se cumple medio siglo de un acontecimiento histórico que marcó, entre otras cosas, un posible inicio de la Posmodernidad o era del Posmodernismo. Sin detenernos ahora en las múltiples consideraciones teóricas que al concepto se refieren, inevitablemente Mayo del 68 (donde confluyen diferentes espacios de lucha y reivindicación) fue el último atisbo de utopía para la sociedad que habitamos.

Como sustituto del fracaso utópico y político de los sesenta aparece el posmodernismo, el cual ha definido la forma de “estar” en el mundo de nuestros mayores, que a su vez nos han transmitido gracias a una suerte de sistema triangular-trinitario de complicidades: estado político y económico – instituciones y esfera pública – familia y educación.

Cincuenta años después, hoy, bajo las lógicas culturales del capitalismo avanzado, ojalá seamos capaces de regenerar los mecanismos para imaginar e introducir cambios, si es que levantamos la vista más allá de cualquier plasma y percibimos un mínimo atisbo de lo que nos rodea en carne, hueso y sangre.

Del inmenso albañal en que vivimos

«salir de la cloaca es sólo un artificio,

es nuestro destino vivir entre las ratas»

Leopoldo M. Panero

 

En la tarde del día de hoy tuvo lugar el estreno de la webserie: Secretos a voces, en el auditorio de la escuela TAI (Centro Universitario de Artes). El proyecto audiovisual lo realizan alumnos matriculados en diferentes estudios de postgrado del centro, como por ejemplo Dirección Cinematográfica y Nuevos medios, Producción y Dirección de Empresas Audiovisuales, o Dirección de Arte en Cine, Televisión y Nuevos Medios, con un guión escrito por Javier Ródenas, guionista profesional de televisión. Este acontecimiento sucede el mismo día en que se emite la sentencia del mediático caso de «La manada» y un día después de la dimisión de Cristina Cifuentes como presidenta de la Comunidad de Madrid –forzada no por la falsedad cómplice y delictiva junto a la Universidad Rey Juan Carlos para la obtención de un título de máster fraudulento, sino por robar en un supermercado–. ¿Qué tiene todo esto en común?, podemos preguntarnos.

Secretos a voces es un programa ficticio donde se aborda, desde el amarillismo periodístico, una variedad de perfiles que aluden a la generación Millenial. Con la intención de ironizar acerca de su experiencia en el mundo de la televisión, Javier Ródenas pretende reunir bajo el manto leve de lo cómico una saturación de tópicos contemporáneos (machismos, sexismos, racismos, relaciones profesionales, de pareja…) que la torpeza guionista rebaja al terreno de la burda inutilidad. Embalsamada por la inmensidad inerte de los lugares comunes que trata, la producción rebasa los límites de lo meramente satírico y caricaturesco, tornando hacia la ofensa, lo ridículo y el tono burlesco más prescindible. Con la intención de retratar las relaciones sociales entre «moros, sudacas, negros», figuras icónicas de tribus urbanas tal que «chonis» y personas de otros países, ha pretendido polemizar con sorna una realidad ya desfasada y fuera de contexto, cayendo en el patetismo de una burla que sonroja. Entre las pericias que aúna el guion, se halla un grupo de chat móvil de varios amigos autodenominado: «folladores». Cualquier horizonte crítico respecto a una moral imperante en la industria de la televisión, queda reducido a mero arquetipo y se vuelve una bazofia que ningunea y repugna por doquier.

El enfado, la impotencia y la indignación de una parte de los alumnos obligados por su condición de estudiantes -y tras pagar una cuantiosa matrícula- a participar en esta serie, quedan relegados a un segundo plano cuando emiten sus quejas a la dirección de la escuela TAI. «¿Cuántas pegas pondríamos si nos llamaran de A3media para trabajar en una serie como esta?» remite Miguel Pérez Urria, Director actual de la facultad de cinematografía, en respuesta a los alumnos por sus desavenencias con el trabajo impuesto. Llegados a este punto, qué nos queda… Pues, en principio, relacionar este centro de estudios (TAI), cuyas titulaciones oficiales de grado otorga bajo el aval de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, con la gota de Cifuentes que colma el vaso del despropósito en la gestión de una universidad pública por parte de sus altos cargos. Qué decir, por otra parte, del hecho paradójico y casual que tiene lugar en el día de hoy con la sentencia de 9 años de cárcel para «La manada», coincidente a su vez con el estreno de la ya aludida webserie de TAI.

Los acontecimientos mencionados tienen varios puntos en común, algunos de los cuales han quedado esclarecidos anteriormente. Sin duda, la estructura sistémica y rizomática de la podredumbre institucional se ramifica hasta invadirlo todo, y cada vez nos sorprende menos, incluso diría que nos importa menos, que nos vamos acostumbrando, aunque salpique en nuestra frente. En último término, los afectados por la mediocridad de supuestos «profesionales» de un sector y por dicho sistema ahogado en la perversidad de su funcionamiento, son siempre los mismos: los alumnos, los que pagan, los sometidos a unas reglas del juego que les vienen dadas por la mano clandestina disfrazada de institución. El acontecer sintomático de estos hechos viene a confirmar el artificio que supone abandonar el albañal en que vivimos; en el presente, nuestro destino sigue siendo vivir entre las ratas.

 

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CULTURA COMO LA PESTE

«Malos tiempos para la cultura», que dicen algunos. MENTIRA. Está de moda la cultura, mueve dinero la cultura, es rentable la cultura. Si los hipsters son una moda, la cultura forma parte del renombrado modernismo. Los locales emergentes–cartas de infusiones, innumerables tipos de leche y chill out aparte– no pierden ocasión de rellenar cada rincón con libros –entremezclados en un embrollo sinfín, pero libros–. Quién lo diría, un país como el nuestro, España, un país de borrachos, ahora con bares cool llenos de libros. ¿Estamos progresando?, ¿acaso mejorando en algo?

Viajar se ha convertido en la forma estrella de culturizarse: y las redes sociales plagadas de instantáneas con visitas low cost en las capitales más turísticas del mundo: Praga, Budapest, Ámsterdan, Berlín, San Petesburgo! Y los puentes, qué me dicen de los puentes; esos sí que son cultura, sobre todo cuando la foto supera los cien me gusta. Porque el turismo, cómo negar que es cultura; la industria asimismo lo es, con independencia del producto.

Sin embargo, no olvidemos que también la guerra es cultura, los artefactos son cultura y las abundantes incursiones que hace la RAE de vulgarismos en su diccionario son también cultura –por resaltar algunos ejemplos en su variopinta diversidad–. El uso sistemático del término y su apropiación por parte de las industrias que tejen las redes comerciales de la sociedad del espectáculo, ha supuesto una sobrecarga de connotaciones positivas en detrimento de una visión más panorámica. Y con ello, el lavado de cara y el pulido del vocablo han resultado de una efectividad inmejorable.

Cualquier actividad que se preste, por consiguiente, ha de llevar en su nombre la palabra mágica: agenda de cultura, visitas culturales, café cultural…acontecer sintomático de la invasión que infecta el panorama como la peste.

Pero la cultura –mejor no conducirse a engaños– no tiene por qué suponer conocimiento, ni lleva consigo y por sí misma a la reflexión, ni al pensamiento crítico. La cultura simplemente es. Una silla es cultura –al margen del diseño–. Y la empresa cultural que nos invade lleva en sus cromosomas un ADN abocado al descalabro insustancial.

 

MÚSICA Y POESÍA EN LA EDUCACIÓN DE LA ANTIGUA GRECIA

BREVE RECORRIDO A TRAVÉS DE ALGUNOS DE LOS PENSADORES GRECOLATINOS QUE ASENTARON LAS BASES DE NUESTRA CIVILIZACIÓN Y PENSAMIENTO EN OCCIDENTE

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El musicólogo italiano Enrico Fubini, nacido en 1935, realiza unos de los compendios más relevantes acerca de la estética musical, haciendo un recorrido desde el origen del pensamiento crítico en la Antigua Grecia hasta el siglo XX. Al comienzo, trata las primeras concepciones acerca de la música en la tradición griega y deduce que «la virtud puede enseñarse y la música, siempre que de ella se haga un uso correcto, se ofrece como uno de los medios más idóneos en orden a conseguir ese objetivo» (Fubini, 2005, p. 63).

Es innegable la importancia de la música para los antiguos griegos y la estrecha vinculación que mantenía con la poesía. A continuación, trazaremos un breve recorrido acerca de las conexiones que entre ambas fueron sucediéndose, hasta formar parte indisociable de los pilares educativos de una civilización.

El término μουσική: «música», aunaba también en su campo semántico la poesía, la danza y la gimnasia. Este significado compuesto es el que recogen los primeros testimonios conservados en los poemas homéricos. La música fue un invento de los dioses, quienes la utilizaron en primer lugar con fines educativos.

Los cultos de Orfeo y Dionisio muestran el imperio sobrenatural de la música, y de ellos deriva la prioridad cronológica de ésta frente a la poesía, aunque fuera con la poesía lírica cuando la música ganara importancia progresivamente. En estos mitos, también hallamos la «facultad de hechizo» que se atribuía a la música, de la cual extraemos los siguientes dualismos unidos pese a su diferencia: poesía y sonido, palabra y música, razón y fantasía… La música, como la poesía, era una facultad divina a la que accedían los seres terrenos de manera subalterna, como nos recuerda el mito de de Apolo y Marsias.

Más adelante, la escuela matemático-pitagórica asienta las bases para un fundamento teórico de la música en relación con la armonía y el complejo concepto de catarsis: la purificación o redención por medio del arte. En este momento, la música adquiere una dimensión ético-pedagógica por su vínculo directo con la conciliación y el equilibrio de contrarios. A partir del siglo VI a. C, hallamos por vez primera alusiones a la educación musical y la educación a través de la música. El filósofo Damón (s. V a. C.) es quien oficializa la música primeramente y mantiene un carácter racionalista y optimista para su aplicación; en uno de sus discursos, resalta «la música y el valor educativo que ésta encerraba para la juventud» (Fubini, 2005, p. 60), al igual que el valor idóneo para la consecución de objetivos pedagógicos que tenían que ver con la virtud.

Platón incorpora como influjo teórico los presupuestos de la escuela pitagórica y hereda el tradicionalismo de Damón. En su obra Las Leyes, considera en reiteradas ocasiones la música como «instrumento educativo indispensable» (Fubini, 2005, p. 68), al igual que la gimnasia. Es el primer filósofo de la Antigüedad en incorporarla dentro de los saberes científicos, considerándola como dialéctica y suprema sophia[1]. Su concepción de la música está ligada a la idea homérica vinculada con el placer, matizando el vínculo indisociable con la virtud y la educación que ha de generar, y no como mero fin. En el Timeo, Platón pone de manifiesto, en boca de Sócrates, que la armonía musical es el modo más elevado de educación y de conocimiento –con la complejidad que atañe a esta idea en relación con su teoría de la música de las esferas, que no detallaremos en este espacio. El cultivo de la música era un elemento imprescindible para que alguien pudiera ser llamado «con justicia y corrección bello y bueno simultáneamente» (Platón, 1992, p. 256). Para su utilidad pedagógica, la música debe ser filtrada en detrimento de las armonías dañinas; de esta manera, queda expresada someramente la teoría ético-política en el platonismo respecto al itinerario que nos ocupa.

Finalmente, cabe mencionar la relación entre la música y la educación que el filósofo griego Plutarco de Queronea (45-120 d. C.) establece como eje central de la paideia: «La música es tan importante para la educación porque se relaciona con la religiosidad, base para la organización de las sociedades» (Durán, 2005, p. 74). Fue de enorme importancia la impronta que Plutarco deja en su obra, donde no queda duda acerca del papel capital concedido a la música en la educación y la capacidad que se le otorgaba de influir en las almas jóvenes.

En definitiva, la relación entre música y literatura se revela como un estrecho vínculo desde los inicios de nuestra cultura. Por esta cuestión, es posible recuperar de forma utilitaria los testimonios expuestos con anterioridad a la hora de trazar una propuesta innovadora en el campo de la didáctica actual.

Ni qué decir respecto a la ausencia de una reflexión seria sobre el tema en la confección de los actuales planes educativos -qué ingenuidad: esto no interesa, para qué engañarnos. Hemos creído en la Creación Divina que saca de la nada, que abandera la originalidad y la innovación, ignorando que a veces revisitar lo que antecede va de la mano con lo que tanto gusta llamar Progreso.

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[1] Proviene de la palabra Sofía, del griego Σoφíα, y es un concepto que hace referencia a la suprema sabiduría. Supone un término clave en diferentes corrientes filosóficas, como el platonismo al que se hace alusión.

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Referencias bibliográficas:

  • Durán, M. (2005). La paideia y la música en Plutarco. Plutarc a la seva època: paideia i societat. Barcelona: Actas del VIII simposio internacional de la sociedad española de plutarquistas.
  • Fubini, E. (2005). La estética musical desde la antigüedad hasta el siglo XX. Madrid: Alianza.
  • Platón, (1992). Diálogos, vol. VI. Madrid: Gredos.

PARA TODO MAL, OTRO MUNDIAL

Somos inmunes, hemos desarrollado una impermeabilidad mayor a la del mirlo acuático para enfrentar la realidad que nos rodea. El amarillismo con tinte político ha desplazado, en gran medida, a la prensa rosa y del corazón. Multitud de medios periodísticos, tanto longevos como emergentes, han encontrado en la perversión de las instituciones y de los representantes públicos una brecha repleta del estiércol ideal para el aderezo de la masa.

La economía en su extrema mutación postmoderna es la bandera del Progreso, la bandera que salpica carne mortal con cada nueva sacudida y un fin en sí misma, un fin al cual se pliegan todos los medios. Tras de sí, nadie mira: ¿por miedo, por ceguera o por simple abducción?, cediendo ante el interminable rizo de constelaciones, valor, cifras, comercio, cotizaciones; y las tres letras de cada empresa, el precio de cada acción en las pantallas que muestran evoluciones en directo por todos los canales, de todos los datos. Economía e inversiones: ATENCIÓN al descuido técnico.

Noticia tras noticia, post-post-post: desfile de interminable sensacionalismo de lo parcial que corona el máximo sentido de colapso e inacción. El efecto sobre las conciencias cada vez resulta más escaso y amortiguado, como cabe suponer, con tanto ruido. Así, entre la niebla, los hilos del guiñol rehúsan detenerse y las marionetas danzan, delirantes, sin cabeza.

Todo ello, estrechamente ligado al espiritismo publicitario que amalgama con su depuración el común alienado que habitamos, supone un triunfo ante el cual nos sentimos a salvo. Con la seguridad del ano blanco impenetrable –falso espejismo de la decrepitud más anquilosada–, el hijo de la transición se recuesta cómodamente en su sofá, mientras su discípulo fiel no duda que pronto, en unas décadas, el 2018 será recordado como aquel año en el que Iniesta se retiró, jugando el último mundial con la camiseta de España.

LA ANTESALA DE FRANCIS BACON

Crítica de la exposición: Fran©is Ba©on. La ©uestión del dibujo. Centro Nienmeyer (Avilés).

La obra de Francis Bacon está marcada por el rechazo del academicismo técnico y la introspección hacia un arte coherente con sus principios estéticos. En un momento casual al comienzo de su carrera, tras quedarse sin lienzos por su precaria situación económica, decide pintar el reverso de algunos que ya habían sido utilizados previamente por uno de los lados. A partir de entonces, descubre los potenciales que este hecho le aporta, consiguiendo que la pintura agarre con más solidez y dotando a la superficie de una árida textura afín a su imaginario con fuerte carga de figuración. Conocido por su fidelidad al lienzo y a los grandes formatos –pese a las reducidas dimensiones de su estudio–, la exposición:  Fran©is Ba©on. La ©uestión del dibujo, pretende aportar una nueva visión acerca de la obra del artista irlandés, centrándose en una parte minoritaria y desconocida de su producción.

Los dibujos de la muestra –exceptuando un par realizados a lápiz y de menor interés– son parte inextricable de la obra de Francis Bacon, que pueden servir como antesala compositiva de sus grandes obras y series temáticas –la crucifixión, el papa Inocencio X, etc.–, derivados al mismo tiempo de la concepción estética perteneciente a la nueva figuración. El hecho de que Bacon no tomase la determinación de acabar con ellos en vida y tuviese constancia de su localización, resulta de gran apoyo a la tesis curatorial planteada por Fernando Castro. Aun así, el corpus general de obras expuestas, que representan la mayor parte de la producción de dibujos conservada por su autor, no permite conceder plena autonomía a las obras, puesto que en la mayoría de los casos resulta difícil desligarlas de la idea de boceto o secuelas inseparables de una producción mayor.

En las series centradas en el retrato, su pincelada oscila entre el rostro dominado por la violencia del trazo y la paleta de colores (azul, rosa, marrón) aplicada al centro de cada composición. El artista compone los retratos dando prioridad a un triángulo facial: boca-nariz-ojos, surcado por el movimiento que otorga la visibilidad de una psique perturbada. Todo ello, converge en la cara del personaje captando la atención del que observa y haciéndolo partícipe de una anatomía que roza lo patológico dentro de cada lienzo, ahondando en las profundidades del interior de cada individuo.

Para Bacon, el concepto de belleza va estrechamente unido al de violencia y movimiento, como dejó constancia con sus propias palabras: «Acaso algún día logre capturar un instante en toda su belleza y toda su violencia». En la exposición podemos contemplar un acervo de dibujos sobre papel o soportes poco consistentes que Bacon legó a su compañero sentimental Cristiano Lovatelli Ravarino y cuelgan en el espacio de la Cúpula del Centro Nienmeyer (Avilés), tras haber pasado con anterioridad por Madrid y Valencia. Las dimensiones ovales de la cúpula y la iluminación seleccionada para la muestra se revelan como un entorno singular e idóneo para resaltar las cualidades compositivas de cada una de las obras.

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